Solemos idealizar la idea de una familia muy unida. Pero no todo lo que se vive como cercanía lo es. A veces, detrás de esa unión, hay poco espacio para ser uno mismo: para tener opiniones propias, poner límites o tomar decisiones sin culpa.
Cuando los roles y las lealtades pesan demasiado, diferenciarse se vuelve difícil. Y muchas de esas dinámicas siguen afectando en la vida adulta, en cómo nos relacionamos y en cómo nos cuidamos.
Mirar estos patrones desde la terapia familiar sistémica no busca señalar culpables, sino entender el sistema para poder transformarlo, con respeto y con calma.